Volver, todos lo haremos, pero nunca igual que antes. Las oficinas no serán las mismas, y tampoco nuestro comportamiento. Estrenamos realidad, en la que todos estaremos juntos, pero no tan juntos, y parte de las personas seguirán teletrabajando. El espacio laboral tendrá que adaptarse para acomodar a los empleados manteniendo las distancias de seguridad.

El regreso a nuestra rutina laboral poco tendrá que ver con el escenario que dejábamos atrás hace un par de meses. No sabemos qué nos espera, solo tenemos la certeza de que las oficinas ya no volverán a ser como las recordábamos. La distancia social determinará la incorporación de los trabajadores, que se tendrán que readaptar a una nueva normalidad en la que impera, antes que cualquier otro criterio, la seguridad y el bienestar del empleado.

La empresa de mobiliario para oficina Steelcase, ha publicado recientemente un estudio que lleva por título “Anticipando el futuro: El espacio de trabajo después del COVID”.  En esta investigación destacan unos principios fundamentales en los que se centrarán a la hora de organizar este nuevo espacio laboral, “la densidad del espacio, la geometría del mobiliario, y las divisiones basadas en paneles y pantallas”.

En esta primera oleada de incorporaciones, con algunas personas aún teletrabajando, se adaptará el espacio rápidamente siguiendo las directrices gubernamentales y pautas que responden al sentido común. Para empezar, se eliminarán y separarán los puestos manteniendo la distancia recomendada, la geometría del mobiliario cambiará, huyendo del formato lineal para evitar que los empleados se encuentren cara a cara. Será necesario añadir divisiones de frente, al lado y detrás de las personas. Como lo que propone la empresa de mobiliario de oficina Ofita, que apuesta por la utilización de pantallas transparente, que permiten la comunicación con los compañeros y son muy fáciles de limpiar.

Además, en el suelo existirán flechas que determinen la dirección de la circulación de la oficina para evitar que se crucen por el pasillo. Las reuniones presenciales serán pequeñas y deberán seguir un protocolo en el que se reducirá el número de asistentes, cumpliendo las distancias reglamentarias.

Los espacios de socialización deberán también respetar los dos metros, tendrán que mantener un protocolo de higiene. Se deberán limpiar las superficies, las mesas y las lámparas frecuentemente, no solo por el personal de la limpieza, sino también por los mismos usuarios.  Las vajillas de uso común serán biodegradables de usar y tirar.  En los ascensores se tendrán que reducir el aforo, y poner toallitas para los pulsadores. Se ofrecerán puesto por días, que solo será usado por una única persona, evitando que un mismo puesto sea utilizado por distintas personas, y la mascarilla será recomendable.

En esta batalla contra el COVID-19 la ventilación del aire también jugará una baza importante. Será imprescindible mantener una adecuada calidad del aire en los edificios inteligentes que no tengan ventanas para ventilar.

La transmisión área puede ser posible en circunstancias y entornos específicos. Según el Ingeniero Moisés Altman, desarrollador de edificios de oficinas innovadoras en términos de sustentabilidad, afirma que lo que más importa en una oficina es el aire que se respira. Mediante el uso de filtros se purificará el aire del sistema de ventilación y refrigeración.

Por lo tanto, la vuelta es eminente a esta desconocida realidad, y éstas serán las primeras actuaciones que se deberán tomar antes de incorporarse los trabajadores. Posteriormente, el diseño se repensará y adquirirá una nueva dimensión. Cambiarán los paradigmas hasta ahora establecidos. El diseño tendrá que ser flexible, fluido y resilente permitiendo conectarse a las personas entre sí, teniendo siempre en cuenta su bienestar físico, emocional y cognitivo. De esto, hablaremos la próxima semana.