El olor conquista el retail y es un must en el interiorismo. Su presencia determina las elecciones de los consumidores a la hora de entrar en una tienda, e incluso el tiempo que pasan en ella. Tiene tal poder este sentido, que la ciencia asegura, que su influencia cuestiona la racionalidad del ser humano.

Cuántas veces hemos girado la cabeza por la calle al cruzarnos con alguien que dejaba tras de sí, esa estela de aroma que irremediablemente ha llamado nuestra atención. Tan solo han sido necesarios unos segundos para que ese instante quede atrapado en nuestra  memoria. El retail es consciente del poderío que tiene este sentido y se ha convertido en una pieza indispensable en el diseño de interiores.

Está claro que una determinada fragancia en un comercio físico puede mejorar la experiencia de compra de los clientes, ayudar a fortalecer el branding de una marca, incrementar el deseo de compra, e incluso reducir la percepción del tiempo. Se ha demostrado, que las personas permanecen un 44% más de tiempo en negocios que huelen bien.

El aroma es un gran reclamo que los retailers emplean, cada vez más, en su estrategia. De hecho, el olfato es el sentido que deja una mayor huella en nosotros. Según algunos estudios, la capacidad del ser humano para recordar aquello que olemos supera con creces todo lo que vemos, oímos, o tocamos. Es más, los investigadores Axel y Buck, premios nóveles de medicina, demostraron que el olfato es capaz de distinguir y recordar el amplio universo de más de 10.000 olores mientras que solo se distinguen 200 colores.

Este sutil sentido, nos permite identificar a las personas, viajar a nuestra infancia, e incluso tomar decisiones, en concreto, en el área del consumo. El estudio “Los olores y las emociones” publicado por la psicóloga Silvia Álava, indica que “el 84.2% de los participantes opinaron que el olor de una tienda influye en su decisión de entrar”.

El olfato no debe ser menospreciado, ya que permite comunicar de forma rápida la esencia de la identidad de una marca y el valor que aporta al consumidor en relación con otras opciones de compra.

Por este motivo, los retailers son conscientes de que es importante desplegar sus encantos aromáticos para que el cliente sienta la llamada del olor. Saben que cuánto más se cuiden estos aspectos, más posibilidades tendrán de establecer una mayor conexión del producto con el consumidor, tanto en la fase de compra como en la de uso y, sobre todo, fortalece el vínculo a partir de la percepción que éste tiene del producto.

El 75% de nuestras emociones son generadas por lo que olemos, así lo demuestra el especialista neurólogo Martin Lindstrom. Un dato importante que hay que tener en cuenta, sobre todo, cuando la ciencia ha dejado claro que la influencia del aroma cuestiona la racionalidad del ser humano. Investigaciones relacionadas indican lo poco conscientes que somos de nuestras decisiones y argumentaciones de compra cuando el olfato entra en juego. Sin ir más lejos, los datos de unos estudios revelan que en un casino la gente gastaba un 45%  más en tragaperras cuando había un olor agradable en la zona; otro experimento realizado en una discoteca, demostró que los cliente se entregaban más al baile cuando percibían una fragancia de naranja, menta y agua marina. Al ser preguntados respondieron que se lo pasaban mejor.

Pero en qué quedamos, ¿somos o no somos seres racionales? Igual que sucedía a los ratones en el cuento de “El flautista de Hamelin”, que se sentían cautivados por la música, los olores desprenden un poder hipnótico, y los consumidores ante su influencia no se sienten capaces de controlar el impulso de seguir el rastro irresistible que va dejando tras de sí algunas marcas.