Nuestra ajetreada vida urbana ha roto los hilos que nos mantenía unidos con la naturaleza. Está demostrado que encontrarse en contacto con espacios naturales nos aporta bienestar. El diseño biofílico apuesta por recuperar esos vínculos que conectan de forma innata la naturaleza con el ser humano y nos hace sentir un poco más felices.

Necesitamos a la naturaleza para tener una existencia plena. El objetivo del diseño biofílico consiste en restablecer esos lazos que siempre han unido al ser humano con su entorno natural. Este tipo de diseño se centra en los estímulos sensoriales producidos por olores, sonidos, gustos y sensaciones provocados por objetos de la naturaleza. “El diseño biofílico es una forma innovadora de aprovechar esta afinidad innata para crear ambientes naturales en los que podamos vivir, trabajar y aprender. Esta tendencia consiste en introducir la naturaleza en el diseño interior y arquitectónico, con el objetivo de que seamos capaces de reconectar inconscientemente a través de los elementos naturales”, comenta Odile Béranger, Concept Designer Spain & Portugal de Interface, empresa que aporta este tipo de soluciones a proyectos de interiorismo y arquitectura.

Para lograrlo, se utiliza materiales naturales y locales, espacios abiertos, texturas y colores inspirados en la naturaleza, iluminación que imita los entornos naturales, líneas ovaladas o circulares que asemejan a las formas orgánicas. “Usar madera en espacios interiores puede reducir la tensión arterial y aumentar la sensación de confort”, explica Odile Beránger. Además, la presencia del aire libre, bien a través de ventanas que se puedan abrir, o de terrazas, es muy representativo en este tipo de diseño.

Está demostrado que todos estos elementos nos hacen sentir mejor y tienen un efecto psicológico positivo. Sin embargo, es mucho más que una nueva tendencia de diseño. Es una filosofía universal que se centra en las personas con el objetivo de mejorar su conexión con la naturaleza en los edificios que vivimos y trabajamos. Va más allá de una consideración estética, y posee un profundo efecto en la salud emocional y físicas de las personas. “Influye positivamente en el empleado porque la conexión con el entorno resulta beneficiosa para su bienestar al reducir el estrés y favorecer la recuperación, lo que contribuye a reducir los costes y mejorar los resultados en el entorno construido” asegura Beránger.

Orígenes de la biofilia

“Amor a la vida y a los seres vivos”, es el significado literal del término biofília, que fue acuñado por el psicólogo social Erich Fromm. Aunque, entró en uso en la década de los 80, cuando Richard O. Wilson, biólogo y naturista de gran reconocimiento mundial, supo ver, antes que nadie, cómo repercutía negativamente, sobre la salud de los seres vivos, alejarnos de la influencia de los entornos naturales.

Por lo tanto, el diseño biofílico trata de hacer que las personas se sientan mejor, incorporando elementos de la naturaleza en espacios urbanos. Siempre ha existido una atracción humana innata hacia la naturaleza, es parte de nosotros, aunque lamentablemente nuestro estilo de vida urbano y ajetreado la ha relegado a un segundo plano. En la actualidad, pasamos un 90 por ciento de nuestro tiempo en espacios cerrados. Alejarse del mundo natural pasa factura a nuestra estabilidad emocional. Según la diseñadora de Interface “un entorno desprovisto de naturaleza pueden tener un efecto negativo en la salud y bienestar. Cabe mencionar que esta discordancia se debe en gran parte a la falta de espacios verdes y, en particular, a la ausencia visual de plantas”.

Hace tiempo de la existencia de la biofilia, sin embargo el diseño biofílico es un movimiento relativamente nuevo, y son cada vez más los países que apuestan por él.  La sede de Amazon en Seattle es una representación en toda regla de la biofilia. Consta de tres esferas transparentes, con una frondosa vegetación interior, árboles y plantas procedentes de todo el mundo, un auténtico vergel que cubre las zonas de oficina. Singapur también lo tiene claro, y ha hecho del diseño biofílico su carta de presentación. La terminal del aeropuerto se ha convertido en una espectacular cascada. Además, esta ciudad asiática ha conectado sus parques por medio de 200 kilómetros de senderos y pasarelas elevadas que permiten a habitantes de distintos puntos de la ciudad acceder a sus espacios verdes con facilidad.

Nueva York es una de las ciudades con mayor polución ambiental, en cambio, se encuentra dentro de la definición de ciudad biofílica. Durante los últimos años, están invirtiendo grandes esfuerzos en aras de la sostenibilidad. Cuenta con el programa PlaNYC que persigue que en 2030 cada habitante tenga un espacio público verde a 10 minutos a pie de distancia. Oslo sería otro ejemplo ya que más del 80% de los habitantes visitó en 2012 los bosques que rodean la ciudad, gracias a las campañas de incentivación de su Ayuntamiento. En España, también tiene representación este diseño, aunque de una manera más discreta, se ha incorporado en los campus del BBVA o Sanitas numerosos elementos orgánicos o plantas en las azoteas de los edificios, asimismo Telefónica, Repsol, Covirán, y WiZink se han sumado a esta tendencia que aporta paz y tranquilidad a los trabajadores.

Se calcula que en el año 2050 estaremos cada vez más distanciados de la naturaleza ya que el 66% del mundo estará urbanizado. No podemos olvidar que necesitamos la naturaleza para sobrevivir, para mostrar al mundo la mejor versión de nosotros mismos. Existe un gran potencial para el desarrollo creativo en esta área de diseño, nos aclara esta diseñadora que “la norma WELL Building Standard y otras normas nacionales comparables ayudan a aumentar el reconocimiento de los beneficios que el diseño centrado en las personas tiene en los edificios”.

Desde Kombu Design apoyamos la biofília y nos esforzamos en proponer espacios donde la naturaleza tenga su lugar, buscando el equilibrio entre branding, funcionalidad, ergonomía y estética, con el fin de mejorar la vida de los trabajadores y clientes de nuestros proyectos.

El padre de la biofilia, Erich Fromm, hablaba de amor por el ser humano y por su entorno, aspecto muy necesario en los tiempos que corren. Sin embargo, no hay amor que valga sino existe lo más importante, el respeto por todo lo que nos rodea. Las evidencias no dejan lugar a dudas de que recuperar esa afinidad emocional hacia la naturaleza es muy gratificante para el ser humano, pero ¿seremos nosotros suficientemente buenos para ella?