El Covid ha dejado su huella en nuestra forma de trabajar. Las oficinas se han tenido que adaptar para facilitar una respuesta rápida y poder acoger a los trabajadores, respetando las medidas de seguridad. Sin embargo, estos cambios tendrán una trascendencia, a medio-largo plazo, sobre la forma de cómo plantear el diseño de los espacios de trabajo.

El paradigma de planificación basado en densidad y coste ha dejado de tener vigencia. El compromiso con el bienestar de los empleados serán las coordenadas que definan cómo planificar estos entornos laborales. Ahora más que nunca, se debe diseñar con un claro compromiso por ser saludable, pero también flexible y resilente. Desconocemos los desafíos que nos depara el futuro, por este motivo, debemos prepararnos para lo imprevisible y, además salir reforzados ante cualquier cambio que pueda surgir.

En esta nueva estructura de los espacios de trabajo, la tecnología difuminará las distancias, y permitiría que las personas interactúen de manera fluida aprovechando todo su potencial. El teletrabajo será una tendencia al alza, y estos trabajadores necesitarán apoyo para poder trabajar desde casa, tanto por su ergonomía como por seguir en contacto con el resto del equipo. Este aspecto, habrá también que tenerlo en cuenta a la hora de reorganizar estos nuevos entornos.

Se diseñará pensando en la desfinfección pero sin perder la humanización de los espacios. A través del interiorismo se entra en el mundo de las percepciones. El diseño de los espacios es capaz de transmitir esa primera impresión que se experimenta cuando te encuentras en un lugar y sientes que es seguro y al mismo tiempo confortable. Por lo tanto, debe existir un equilibrio entre los materiales que cumplen con la higiene y la seguridad pero sin perder el confort.

Cuidar la calidad del aire, será un punto importante. Según señala investigaciones recientes, las partículas pueden llegar a estar en suspensión entre 30 minutos hasta 3 horas. Así que, se tendrá que minimizar su circulación mediante un sistema de filtrado, también se puede usar filtros de carbono activo. De tal manera, que para mantener controlado al virus, se debe monitorizar la calidad del aire mediante parámetros, lo que reduce su concentración. Esa información se debe compartir a diario con los usuarios para que dispongan de esos datos actualizados.

Sin embargo, no todo será nuevo. Nos encontraremos a caballo entre el pasado y el futuro. La naturaleza que siempre ha estado ahí, dará un paso hacia adelante. Se desarrollarán espacios que inviten a la relajación para mejorar el rendimiento. Se fomentará el uso de elementos biofílicos, como la luz natural, el sistema de climatización, los colores, la vegetación, y la elección de materiales naturales y sostenibles, que, al mismo tiempo, se puedan desinfectar sin ser dañados. Estos materiales responderán al criterio de durabilidad, confort, y empatía. Todos estos detalles, según indican estudios recientes, suman y contribuyen a mejorar la productividad en un 15%

El cambio está aquí. Esta situación sin precedentes, nos muestra que los espacios se utilizarán de manera diferente. Se debe de aprovechar esta ola para tomar conciencia medioambiental, para mejorar la calidad de vida de las personas con pequeños detalles que cobran protagonismo e influyen a nivel mental. El uso de la tecnología junto a valores como: sostenibilidad, seguridad, compromiso, salubridad, flexibilidad… se convierten en los mejores aliados de la resilencia, capacidad fundamental para enfrentarnos a esta crisis y a lo que esté por llegar.